Sábado, 15 de agosto de 2015 01:00

Wainraich: “La radio y el teatro me dan total libertad”

El actor y conductor presenta “Wainraich y los frustrados”, hoy en El Círculo.

De civil. “En el escenario me siento liberado”, destacó Sebastián Wainraich.

Por Luciana Boglioli / Escenario

Elocuente, perspicaz y desfachatado, Sebastián Wainraich transita el mundo a su manera: detrás del micrófono en “Metro y medio” por Radio Metro, en la pantalla chica con “El mundo desde abajo”, emitido por TBS Veryfunny y arriba del escenario con “Wainraich y los frustrados”, la obra que está en cartel en el teatro Maipo en Capital Federal, y que presenta hoy en Rosario. En este espectáculo, el actor, escritor y conductor se anima a dar un paso más allá del stand up e interpreta a tres personajes que, desde sus frustraciones, reflejan con humor la idiosincrasia argentina.

    Además el actor comenzará el rodaje de su primera película, “Una noche de amor”, escrita y protagonizada por él mismo y dirigida por Hernán Guerschuny, que estuvo a cargo de “El crítico”. Antes de la función de esta noche, a las 21, en el teatro El Círculo, Wainraich dialogó con Escenario sobre su nuevo show, sus inspiraciones para componer sus monólogos explosivos y sus límites a la hora de hacer humor.

   —¿De qué trata “Wainraich y los frustrados”?

   —Es una obra de teatro que tiene dos actos bien distintos. En el primero interpreto a tres personajes distintos. El primero es Miguel, que a priori parece simpático pero tiene unas ideas espantosas. El quiere cambiarle la ideología a la gente pero tiene ideas muy retrógradas. Aún así hace reír a la gente, habrá que preguntarse por qué. El segundo es Franklin Martínez, alguien que nunca pudo resolver el tema con su madre y siempre soñó con ser jugador de fútbol y que cuando cuenta su historia descubre algo revelador de su vida sexual. La última es Estela Tomati, una mujer que ya está de vuelta y decide contar todo su pasado. Todo esto lo cuento en un tono de comedia, aunque contado así parezca un drama. En realidad, el drama y la comedia están cerquita. Y al final del show, cierro de civil, con un monólogo tradicional de stand up. Si bien tiene un texto sólido, va cambiando según la actualidad, mi humor, mi estado de ánimo y el lugar donde me presente.

   —¿En qué te inspirás para crear tus personajes y escribir tus monólogos? ¿Incluís actualidad política en tus guiones?

   —Sí, siempre aparece un poco de política, lo que recién está salidito del horno. Si bien no es lo principal del monólogo, se va metiendo. Concretamente no sé de dónde salen los personajes. Tengo una antenita con la que estoy trabajando todo el tiempo. A veces descubro que tienen más influencias de lo que yo pienso. Creo que los personajes no tienen nada que ver conmigo pero si los hago yo, algo tendrán que ver. Lo que más me gusta es ese ejercicio actoral que me permite olvidarme de mí por un rato.

   —¿Hay algún tema del que no te permitís reírte, que tomás en serio?

   —Para mí la comedia tiene que ser en serio. Obviamente busco el humor y la risa, pero en serio. Siempre se discuten los límites del humor. Para mí no hay un límite. No hay nadie que tenga la autoridad para decir “el humor llega hasta acá”. Cada uno pone el límite que quiere ya sea por su capacidad o deseo. Mi límite en el humor es con las cosas que no me hacen reír, no por una cuestión moralista, sino por una cuestión de gustos. Con algunas tragedias hago humor y con otras no. Con las que no hago es porque no me causan gracia, no se me ocurre un chiste para hacer, o porque están muy cercana en el tiempo. Aunque siempre hago chistes con la muerte.

   —¿Es cierto que hay cuestiones como el sexo o la muerte, que hablás abiertamente arriba del escenario pero que aún te cuesta hacerlo en la vida o incluso en terapia?

   —Sí, en terapia voy avanzando pero en la vida me cuesta. La radio y el teatro son espacios de total libertad y ausencia de miedos y prejuicios. Me siento muy liberado y me divierto mucho. De algún modo, voy perdiendo el control en esos lugares y es un linda sensación.

 

 

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