Domingo, 17 de noviembre de 201301:00

El cantante destaca que no generó un estereotipo en sus fans. llega a rosario con su gira “Re evolución Sueño dorado” y nuevo CD.

Intimo. El artista asegura que comparte cosas de su vida privada en sus canciones. (Foto: S. Salinas

Es un día soleado y el canto de los pájaros marca el soundtrack perfecto para que la naturaleza se haga presente en su forma más auténtica, ensamblándose con el relato de un artista sensible, soñador y con los pies en el pasto. Abel Pintos viste una camisa rayada blanca y azul, como el cielo que se refleja en sus ojos, un jean y borcegos. Pide un vaso de agua —“natural”, aclara— y confiesa: “Cuando uno acepta, logra un verdadero protagonismo”. Y así es, porque este joven bahiense de apenas 29 años se convirtió en el artista más vendedor de Argentina en 2012 con su álbum “Sueño dorado” con el cual obtuvo tres premios Gardel incluyendo el de mejor artista masculino pop, canción del año y el Gardel de oro por disco del año. Como si todo esto fuera poco, Pintos acaba de lanzar su nuevo álbum, “Abel”, que causó una revolución en la industria discográfica al obtener el triple disco de platino a tan sólo quince días de su lanzamiento.

   Aunque asegura que nunca estuvo en la pose del sex symbol y que no tiene un estereotipo de mujer que le guste porque “las cosas pasan por otro lado”, el cantante de ojos rasgados no puede evitar el híper fanatismo de sus miles de seguidoras.

Antes del show que dará este viernes en Metropolitano, con su gira “Re evolución Sueño Dorado 2013”, Pintos se confesó con Escenario acerca de sus sueños, sus letras y su éxito. Pero los premios que ganó este año serán un tema aparte. Mejor hablar de la autenticidad.

   —En “Abel” hablás de ser auténtico con los sueños, con uno mismo, con lo uno cree y así poder dominar el entorno.

   —En realidad de lo que quise hablar en el disco fue de aceptar cosas, a las circunstancias, a las personas que nos rodean y sobre todo, aceptar cosas propias. Porque cuando uno acepta, logra un verdadero protagonismo de sus cosas, de sus circunstancias, de su relación con los demás y fundamentalmente de su desarrollo propio. Por eso en todas las canciones de este disco, el protagonista, en determinado verso de la canción, acepta algo. Y cuando acepta, el desarrollo de la canción termina siendo otro, es decir, cambia de carácter. Porque creo que el carácter de las cosas cambian cuando uno acepta. A pesar que lleve mi nombre no significa que sea más autorreferencial que los anteriores, son todos por igual, pero sí quiere decir que todo lo que uno acepta queda detrás de nuestro nombre como una especie de símbolo o signo, porque justamente significa lo que somos para los demás. Aún cuando nuestro nombre no nos identifica y nos gustaría llamarnos de otra manera. Terminó llamándose “Abel” porque yo también acepté mis propias cosas.

   —¿Te hubiese gustado llamarte de otra manera?

   —No, mi nombre me identifica. De niño no era así, cuando era chico renegaba de mi nombre porque no encontraba otros chicos que se llamaran como yo. Y además, a mis compañeros de jardín y escuela mi nombre les resultaba raro y difícil, entonces me llamaban por mi segundo nombre que es Federico. Pero después con el paso del tiempo me acomodé.

 

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