Sábado, 20 de octubre de 201201:00

El chelista Jaques Morelenbaum ofreció un inolvidable concierto que recorrió el largo camino del samba

 

Rosario fue testigo privilegiado de la presentación de Jaques Morelenbaum con su Cello Samba Trio, que sumó a Lula Galvao (guitarra) y Márcio Bahia (batería) el miércoles último, ante la sala Lavardén colmada de público.

 

Por Marcelo Menichetti / La Capital

Rosario fue testigo privilegiado de la presentación de Jaques Morelenbaum con su Cello Samba Trio, que sumó a Lula Galvao (guitarra) y Márcio Bahia (batería) el miércoles último, ante la sala Lavardén colmada de público. El artista carioca reveló que tiene dos inconmovibles argumentos que lo convierten en un grande de la música. En primer lugar el dominio absoluto de un instrumento que no se lleva por la calle para tocar en cualquier esquina. La segunda fortaleza de Morelenbaum radica en su profundo conocimiento de la música tradicional del Brasil y su delicado paladar para seleccionar un repertorio que se adapta como guante a su instrumento sin abandonar toda la pimienta rítmica que caracteriza a la música de su tierra. La selección de temas pasó por nombres célebres como los de Tom Jobim, Gilberto Gil, Caetano Veloso, Vinicius de Moraes, Joao Do Bandolim, Pino Solanas y Astor Piazzolla, entre otros.

 

Morelenbaum también vuela alto y profundiza en obras propias como “Ar livre”, tema de cadencia melancólica con protagonismo de la guitarra y una base sutil provista por Marcio Bahía y Morelenbaum pulsando cuerdas como contrabajista en el estreno de su chelo con quinta cuerda.

Lula Galvao prestó su amplio dominio de la guitarra en devaneos jazzeros y en inacabables sucesiones de acordes. Un capítulo aparte merece Lula Bahía, el baterista que generó bases que sonaron como arrullos. Prolijo hasta el extremo y sabedor de su vital función en un género en el que la rítmica debe llegar hasta lo más profundo, cuando la voz cantante se lo permitió, soltó amarras para mostrar su solvencia evitando el golpe efectista y apostando a ofrecer una base densa, sustanciosa y plena de sutilezas.

Arquitecto de atrevidas construcciones, Morelenbaum presentó las múltiples voces con las que canta su tierra con un instrumento que abandona los salones para ocupar un lugar en el tablón de la popular en un espectáculo que, lejos de la ostentación, se basó en un interminable aporte de calidades artísticas y humanas.

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