El ex Attaque 77, Ciro Pertusi, sostiene que “hay que liberarse de las imposiciones”

El líder de Jauría habló del nuevo CD de la banda y dijo que el punk siempre fue muy abierto. Esta noche el grupo toca en Willie Dixon en el marco del Generator Festival II.

Jauría incorporó a un nuevo guitarrista para la grabación de su segundo disco, “Libre o muerto”, que acaba de llegar a las bateas.
Por Carolina Taffoni / La Capital

Si realmente te gusta, el rock es para siempre”, asegura Ciro Pertusi. Y él lo sabe por experiencia propia. Después de liderar durante 20 años Attaque 77, la banda que se convirtió en un emblema del punk rock en la Argentina, el cantante apostó por otro proyecto con Jauría, el grupo que formó en 2010 junto a Ray Fajardo, ex baterista de El Otro Yo. El combo tuvo una excelente respuesta con su disco debut, editado ese mismo año, y ahora regresa con su segundo álbum, “Libre o muerto”, y con un nuevo guitarrista, Sebastián Ambesi, que se incorporó tras la partida del ex Cabezones Pichu Serniotti. Con un sonido renovado, “más moderno y distorsionado”, Jauría llega hoy a Rosario para presentarse en Willie Dixon (Suipacha y Güemes), en el marco del Generator Festival II, un encuentro de bandas punk que se realiza en distintas ciudades. En charla con Escenario, Ciro habló de los cambios en Jauría y criticó los estereotipos del punk. “Hay que liberarse de los uniformes y las imposiciones”, afirmó.

—¿Qué distingue a “Libre o muerto” del disco debut de la banda?

—Para empezar el disco está grabado con otro guitarrista, y eso ya lo diferencia del primero. El alejamiento de Pichu Serniotti como primer guitarrista se sintió mucho, fue una pérdida, y hubo que afrontarla en su momento. La gente vio que lo hicimos con mucha entereza. La desvinculación de él fue completamente amistosa y con alegría, fue en el camino, porque seguimos tocando juntos un tiempo más. Después hubo que aggiornarse cambiando toda la impronta. La llegada de Seba (Ambesi) provocó muchos movimientos que en definitiva fueron positivos, porque hubo una concentración y acumulación de canciones que durante tres años, desde el inicio hasta ahora, dieron como resultado este nuevo disco. “Libre o muerto” es un disco más duro, más pesado. El primero es un disco crudo pero de sonido valvular, de guitarras, de old school. Este tiene un sonido más moderno, más distorsionado. Y no te aburrís porque es muy variado en los estilos, recorre muchas formas de hacer rock.

—¿Qué diferencias específicas encontrás con el cambio de guitarrista?

—Seba es distinto al Pichu. El Pichu es de una escuela muy ochentas, tiene muy metido el pop de grupos como The Cure, ese sonido de guitarras limpias y de trabajar muy bien los efectos. Después él se consolidó como guitarrista de nü metal, entonces maneja bien esos extremos. Con Cabezones él tenía uno de los sonidos de guitarra más contundentes y viscerales que yo haya escuchado. Seba, en cambio, tiene otra onda, es un poco más clásico. Y escucha más la música que escuchamos nosotros: Morrissey, Bad Religion, Motorhead, Pappo, Riff, Legión Urbana… Es un abanico muy amplio. Seba tiene ciertos toques del sonido más clásico de Mariano, de Attaque, entonces mucha gente lo encontró más familiar.

—El disco tiene 21 temas, es prácticamente un álbum doble resumido en un solo CD. ¿Por qué apostaron por esa extensión?

—Teníamos muchas canciones. Empezamos a trabajar con 38, depuramos y bajamos a 24 y al final quedaron las 21 que más nos gustaban. La idea era hacer una entrega generosa de lo que es Jauría, por el tiempo que estuvimos inactivos sin grabar, debido a la cantidad de shows y compromisos. Apenas terminamos el disco anterior empezamos a componer y a pasarnos canciones. Después paramos exclusivamente para grabar el disco durante cuatro meses.

—Hoy es mucho más difícil vender discos, ¿cómo le va a la banda en ese aspecto?

—Por suerte nos va bien. Si entrás a la página oficial del grupo o a Facebook te das cuenta de que es alucinante lo que pasó con este álbum. Están las fotos de los chicos con el disco en la mano. Con el CD anterior vendimos más de 13 mil copias, lo que hoy es considerado un disco de oro. Y lo que pasa con “Libre o muerto” a mí me sorprende. Con el primer disco estaba el factor de la novedad, pero ahora está todo el mundo como loco hablando del segundo. Claro que son comentarios de fans, y la objetividad se pierde, pero también hay comentarios de gente que nunca nos escuchó. En el disco hay canciones de digestión más rápida y otras que van a tardar un tiempo, pero eso es lo bueno, es un disco para ir descubriendo.

—En el sitio oficial del grupo vos describís el nuevo álbum tema por tema. Lo que llama la atención es que nombrás influencias abiertamente, desde Bad Religion hasta Velvet Revolver, cuando la mayoría de las bandas se resiste a eso…

—Nosotros no tenemos problemas con nombrarlos. Yo honro con mi música todo lo que me gusta. Igual, por más que citemos a otros, los que escuchen el disco se van a encontrar con el sonido Jauría. Nosotros no descubrimos nada, uno se hace en base a algo que ya está hecho, uno aprende de las experiencias de otro y desde ahí construye lo propio. Creo que en este disco eso está bastante bien demostrado.

—¿Qué aporta Jauría a la escena punk argentina?

—Creo que es un grupo que, al igual que Attaque es su momento, es mucho más variado que el punk más purista. Pero en la impronta libertaria tiene esa cosa de la filosofía punk. Nosotros reivindicamos la filosofía más pura del punk, pero no el sentido purista del género, que marca que no hay que demostrar, y que hay que ser duro, oscuro y agresivo todo el tiempo. El punk no tiene nada que ver con eso. El punk es muy abierto. Y ese es el aire fresco que nosotros traemos. No hay que tener miedo de demostrar los sentimientos. Uno es una composición de estados anímicos. Y la vida también es así, muy cambiante.

—En Argentina el punk rock tuvo su pico de popularidad en los 90, ¿cómo ves el panorama actual?

—Yo lo veo mucho mejor. Las bandas han ganado en calidad y en experiencia. Están más consolidadas en cuanto a cómo hacen los shows y cómo llevan sus carreras adelante. Los grupos ahora cuidan su relación con el público y cuidan su música como un elemento profesional también. A mí me gusta la evolución que ha tenido la música en los últimos años, por lo menos acá en Argentina. Un buen ejemplo es Dos Minutos. El otro día estuvimos tocando con ellos en un show en Colombia y estuvieron impresionantes, conmovedores y únicos. Muchos han querido imitarlos pero son inigualables. Dentro de su forma de hacer las cosas han logrado una evolución. Y si vos te ponés a hablar con el Mosca no es un tipo tirado de los pelos como la gente cree. Algunos los descalifican porque su música es directa y de pocos tonos. Y no. Son tipos que saben y eligen lo que están haciendo.

—¿Hay bandas nuevas que te llamen la atención?

—La más nueva que me gusta es Eruca Sativa. Después me gustan Cadena Perpetua, Carajo, Catupecu… Me gustan los nuevos clásicos.

—¿Es un prejuicio pensar que cuando la gente pasa los 30 o los 40 años, en general, deja de escuchar rock?

—Es algo que está en nuestra idiosincrasia. Mucha gente piensa que el rock se deja de escuchar entre los 25 y los 30. Te dicen: “No, eso era antes. Ahora me casé, tengo que laburar, ya tengo un hijo”. Pero si realmente te gusta, el rock es para siempre. Incluso con los años se te junta con el tango, y le encontrás una relación, porque tiene mucho de esa filosofía.

—Ya pasaron más de tres décadas desde que el punk se gestó como género y como estilo de vida. ¿Qué significa ser punk hoy?

—A mí no me gusta mucho definirme dentro de una tribu, pero de alguna manera sentís que pertenecés. Yo me siento un rocker que hace las cosas de un modo punk. Esto tiene que ver con un progreso individual en el camino de un progreso colectivo. Si tenés inquietudes y cosas que querés cambiar de tu vida después las trasladás al mundo y hacés un balance. En algún momento de la vida te empezás a preguntar existencialmente dónde estás parado, a qué sociedad pertenecés, qué te gusta y qué no, qué podés hacer vos primero desde tu casa y después hacia el afuera, hacia el mundo.

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