Jueves, 19 de septiembre de 201301:00

“Forever Young”: Pop y rock para celebrar la vida

“Creo que son muy valientes”, afirmó Daniel Casablanca sobre los personajes de “Forever Young”, la obra musical que se presenta el sábado, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y…

El director Daniel Casablanca dijo que la premiada comedia musical aborda los recuerdos con humor.

Por Rodolfo Bella / La Capital

“Creo que son muy valientes”, afirmó Daniel Casablanca sobre los personajes de “Forever Young”, la obra musical que se presenta el sábado, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Ricardone). La pieza, ganadora de tres ACE, además de los premios Hugo y Trinidad Guevara, tiene como protagonistas a seis ancianos que conviven en el año 2050. Con mucho humor y un compilado de las canciones nacionales e internacionales que marcaron una época, la pieza cuenta con experimentados intérpretes, como Omar Calicchio, Martín Ruiz, Melania Lenoir, Germán Tripel, Gimena Riestra, Ivana Rossi, Walter Canella y Andrea Lovera; la música a cargo del rosarino Gaby Goldman y la dirección de Casablanca, integrante de Los Macocos, y uno de los actores de la versión original de “Toc toc”. El elenco volverá a subir a escena el domingo a la misma hora.

—¿Cómo fue la adaptación de la versión noruega a Argentina?

—Había que cambiar cosas, muchas. De por sí el humor es distinto en cada país porque son idiosincrasias diferentes. Sobre todo había que trabajar sobre la música. Había que tener una identificación directa con la música y creo que esto es lo que sonó en la la radio durante los últimos veinte años. Eso cambia en cada lugar y fue lo más divertido, hacer el trabajo sobre el repertorio. En el original noruego había canciones geniales que no se tocaron, pero hubo que cambiar bastante.

—¿Qué singularidad supuso dirigir esta comedia musical?

—En general cuando vienen las comedias musicales de afuera uno tiene la obligación de hacer lo mismo y eso es un plomo. Me parece que tener la libertad absoluta de modificar todo fue genial. Y trabajar con el elenco de actores de comedia musical… Es un espectáculo lleno de destreza. Primero el hecho del actor joven construyendo ese personaje que es uno mismo viejo. Después cantar un repertorio súper amplio, desde música clásica, folclore, rock nacional, extranjero, y nada más que con seis voces con piano. Y además cruzado de un humor negro y al mismo tiempo logrando una emoción con el espectador, con lo que conmueve el tema de la vejez. Creo que también el hecho de que sea un musical de cámara, chiquitito, hace que el espectador entre más en compromiso con los personajes, se encariña y se hace todo una gran misa de payasos (risas). Creo que es la posibilidad de un género que también tiene que ver con el clown, en una relación directa entre el espectador y el actor que crea esa misa en el teatro. La verdad que El Picadero sucedió durante un año y medio y la gente se va feliz.

—¿Cómo se refleja la actualidad, que para los personajes en realidad se trata del pasado?

—Hay un medley en inglés y creamos uno nuevo con rock nacional. Es en un momento que empiezan a recordar las cosas políticas que se hacían en el país como (te acordás) “el cacerolazo, ah, ja ja”, “un minuto de apagón, ah, ja ja”, “que se vayan todos…” (risas) y ahí empiezan a cantar pedacitos de canciones de

rock nacional. Como en el espectáculo es en el 2050, sería como cuando nosotros seamos viejos. De por sí el actor se tuvo que vincular con él mismo en su vejez.

—¿Era complicado hacerlo con actores que realmente tuviesen esa edad?

—Lo que pasa es que de por sí, hay un lugar de fantasía de que por momentos estos personajes empiezan a jugar con un medley que es de onomatopeyas y músicas deportivas y la verdad que hacen unas destrezas físicas… Obviamente ellos están pensando eso, no lo están haciendo. Después, bueno, es teatro: tiene que ser creíble, pero no tiene que ser verdad. Esa es la idea (risas). Es un juego, me tiene que conmover y sentirlo posible, pero es mentira.

—¿Y cuál es la actitud que tienen estos adultos mayores ante la realidad?

—Yo creo que son muy valientes, de por sí es eso. También es como entender que no son descartados, que pueden tener su vida cotidiana, que le pueden pasar cosas, y que todo lo que les pasa es muy importante en sí mismo. Eso también es muy del clown. El viejo ahí se junta con el niño. El hecho de que nada de lo que hace es importante, pero al mismo tiempo es lo único que tienen. La historia del espectáculo es muy simple: son seis viejos que están en un geriátrico y cada vez que la enfermera se va, cantan. Eso es nada más la estructura dramática, pero dentro de eso en realidad pasa de todo porque está metida la lupa en el lugar más cotidiano y en las cosas más chiquitas que le pueden pasar a cada uno de estos viejos. Y los conflictos, con cuál se lleva bien, con cuál no, cómo es el vínculo con la enfermera, y después de cualquier cosita encontrar un juego.

—¿Hay un hilo conductor o se estructura sólo con los temas?

—Hay como un hilo conductor que es el ritmo, que es lo musical, y las pequeñas situaciones que se van produciendo, e ir descubriendo cómo es la personalidad de los personajes. Es un día en el geriátrico, y por eso también es plantearse cómo trata uno a los viejos, cómo quiere lo traten a uno cuando sea viejo, y que si uno tiene una vida buena, puede llegar a la vejez con una buena vejez.

—Originalmente es una obra noruega. ¿Hay alguna diferencia entre la tercera edad en Noruega y en Argentina?

—Sí, puede ser, pero también yo creo que el miedo a la vejez es universal y hay un lugar que, más allá de religiones o el lenguaje o niveles de vida, a viejo llega todo el mundo y hay un lugar de identificación que es universal con el tema. Me parece que en ese lugar ha resonado igual en la versión de Noruega, como en España o en Argentina. Después sí, llevarlos a tu tierra, con música que resuene más con las palabras, hacerlo más de tu pueblo, lo acerca más todavía.

—¿En qué andan Los Macocos a partir de que empezaste con “Toc toc”?

—Estrenamos dos espectáculos: “Toda la basura”, en el Teatro de la Ribera, y “El Quijote” para chicos, en el Cervantes. Fueron espectáculos en los que participé pero no pude actuar. Ahí Macocos decidió que el próximo proyecto que se haga es cuando podamos actuar los tres. Así que por ahora, si “Toc toc” da un año más seguiremos con esa obra, y arrancaremos con proyectos. Siempre tenemos espectáculos en carpeta, pero sucede que lo que pasó con “Toc toc” supera lo probable en el teatro. Van tres años, 1050 funciones, casi un millón de espectadores, es una locura. Y ahora empezamos en enero con otra temporada en Buenos Aires y las entradas vendiéndose diez días antes. Y un elenco paralelo saliendo de gira.

—¿Te produce algún conflicto o inquietud trabajar en el teatro comercial viniendo de otro ámbito?

—Bueno, era la primera vez que lo hacía, y no sé, es nuevo, pero por otro lado es un hecho único, y además lo convertimos en un grupo porque tenemos que convivir con los viajes, con temporadas de cuatro meses en Mar del Plata. La verdad que nos convertimos en un equipo que resuelve y mejora todas las noches el espectáculo. Nos han nominado para todos los premios. Me imagino que tampoco es común que en el teatro comercial suceda esto. Y creo que está bueno que le haya pasado a un equipo que tiene un montón de trayectoria teatral. Una de las cosas principales del éxito es poder sostenerlo. Convivir con el éxito no es fácil y estamos felices.

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