La obra debutó en nuestra ciudad con un sólido elenco y la rigurosa dirección de Lía Jelín, en la primera de diecisiete representaciones en el teatro Astengo.

 

Por Rodolfo Bella / La Capital

“Toc toc” llega a Rosario precedida con una catarata de elogios, de premios y de público. Ese respaldo, sin embargo, funcionó como un estímulo antes que como la autorización a replicar un éxito. Así fue tanto para los actores como para la directora, Lía Jelín. Esa actitud determinó el especial cuidado puesto en un producto que ahora, con un segundo elenco, salió de gira por Argentina. Esa propuesta debutó el jueves último en el teatro Astengo, con localidades agotadas y diecisiete funciones con similar demanda de público.

Representada en Francia, Bélgica, Canadá, España y México, además de Buenos Aires, “Toc toc” fue estrenada en 2005 en París. El texto pertenece a Laurent Baffie, un popular actor y director francés. La versión porteña fue vista por un millón de espectadores, debutó en Argentina en 2011 y obtuvo cuatro premios Estrella de Mar y cuatro ACE, siempre en los principales rubros.

“Hay teatro bueno y hay teatro malo”, opinó Jelín previamente al estreno en Rosario de este tanque teatral que demuestra su pertenencia a esa última categoría. Los encargados de enfrentar el desafío son los actores Claudio Da Passano, Patricia Echegoyen, Osqui Guzmán, Malena Figo, Mara Bastelli, Juan Grandinetti y Leticia González.

“Toc toc” no pretende ser un tratado sobre los trastornos obsesivo compulsivos (TOC). Su objetivo es más acotado: reírse con un grupo de personajes de algunos efectos de esa patología y, de paso, dejar una moraleja sobre la solidaridad. El sexteto está compuesto, entre otros, por un hombre que siente aversión a pisar las líneas del piso y pasión por la simetría; una mujer obsesionada con bacterias y gérmenes portadores de fatalidad y otro que tiene debilidad por calcular todo lo que se le cruce por la cabeza y motor de la trama.

El planteo es simple: los pacientes deben soportarse y compartir la espera de su terapeuta, que los deja plantados varias horas, varado en lugares a veces imprecisos y otras desconcertantes.

“Toc toc” tampoco es una comedia de salón. No hay malabarismos verbales ingeniosos sobre ideas o réplicas filosas. Hay, en cambio, un texto con un humor más ligado a la ironía y el doble sentido; también un coqueteo con el humor físico y con el gag. Se trata de unos personajes que se ajustan a un delineado por momentos arquetípico, pero que siempre resultan vulnerables, cercanos y reconocibles.

En este punto el trabajo de los intérpretes es valioso y encarnan a seres desbordados por sus neurosis, con rasgos satíricos en la composición y eficaces en el uso de un único y muy bien diseñado espacio escénico. También es notable el trabajo de la directora, milimétrico en la marcación y en la administración de los climas, y responsable de una puesta en escena clara, sin estridencias ni pretensiones, siempre acertada y rigurosa.

La empatía con el público es inmediata y está ligada a los aspectos risueños de una dolencia muy extendida. De esas singularidades ya sacó buen partido Jack Nicholson en “Mejor imposible”, en 1997, con un personaje que era un compendio de varias de las obsesiones que se muestran en “Toc toc”. La eficacia del humor se asienta en tres ejes: el ya mencionado y sólido trabajo actoral; en un tratamiento respetuoso, pero sin solemnidad de las afecciones, y, sobre todo, en un efecto secundario del texto que apela a demoler y neutralizar la angustia con el humor, con el efecto reparador de una catarsis colectiva.

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