Ricky Martin pasó por Rosario con dos shows para presentar “A quien quiera escuchar”, su último disco, y repasar su carrera en un show donde primó la sensualidad en una deslumbrante puesta en escena.

Gentileza de Ma Producciones, Diego de Bruno.

Por Javier Hernández

Ricky Martin pasó por Rosario en una seguidilla de dos conciertos que comenzaron el domingo en el Salón Metropolitano del Alto Rosario Shopping y continuaron anoche con entradas agotadas. Allí, el puertorriqueño, dueño de un carisma inigualable, mostró las canciones de su mas reciente disco, “A quien quiera escuchar”, en un recital de casi dos horas de duración, y se permitió retornar sobre algunos de los temas que marcaron su gran salto de popularidad y que sus fans siempre quieren volver a escuchar.

El show del domingo tuvo todos los condimentos de los grandes espectáculos del mundo: una gran puesta en escena con dos niveles de escenario y mucha escenografía que, entre otros elementos, se permitió ofrecer (casi por arte de magia) la aparición de un auto convertible sobre el capot del cual Martin salió bailando junto a un cuerpo mixto de ocho sensuales bailarines.

Cuando aún faltaba media hora para el comienzo del recital ya no cabía ni un alfiler en el Salón. Unas 7 mil mujeres (el público fue femenino casi en su totalidad) cubrían todos los sectores del Metropolitano donde, desde temprano, se respiraba un clima de alegría y mucha ansiedad que se contenía con cánticos y aplausos.

El shows de Ricky Martin fue pura sensualidad. Una premisa que el músico repite en cada presentación y donde busca contemplar todo los detalles para lograr ese impacto: coreografías, bailes y movimientos manifiestamente eróticos y carnales, múltiples cambios de vestuario (en estos shows fueron diez) y hasta un permanente y apasionado convite al juego de seducción donde el músico incita a sus incondicionales a través de la simpatía, el humor, la sensibilidad y el cariño, pero también desde su indudable carisma y vigor escénico.

El cantante salió a escena puntualmente a las 21.30, escoltado por una banda de cinco músicos, ocho bailarines y un corista, para exponer un repertorio de clásicos y nuevos temas donde sonó electrónica, rock, balada y mucho pop latino. El show comenzó bien arriba combinando pop y reggaeton en castellano e ingles marcados por el pulso de hits como “Adrenalina”, “This Is Good”, “Drop it On Me” y “Shake Your Bon Bon”.

Fue tras ese eficaz comienzo que el puertorriqueño saludó por primera vez a los locales para el delirio masivo: “Buenas noches Rosario ¿cómo están?”, les preguntó sonriendo y continuó: “Siento que estoy frente a un público maravilloso, con una energía muy positiva. Vengo a pasarla bien con ustedes, de puta madre”, les dijo.

Y les propuso: “Olvidémonos de los problemas del trabajo y del país y seamos libres. Vamos a pasarla bien. Quiero que salgamos todos transpirados de acá. Yo vine a dejarlo todo”, expresó, antes de interpretar “Tal vez”, una balada que bajó la adrenalina y marcó el comienzo de uno de los momentos más celebrados de la velada.

Vistiendo una pollera negra con borcegos y una remera al tono, parado sobre el capot del viejo convertible que ocupaba el centro del escenario, volvió a levantar temperatura cuando cantó la famosísima “Living la vida loca” tras lo que volvió a ponerle cierto sosiego al espíritu con las estrofas de “Asignatura pendiente” y “Disparo al corazón”.

Más tarde llegó la tanda de clásicos que no pueden faltar, en un viaje a una época en que las canciones más populares de Ricky poseían un fuerte aroma melancólico: “A medio vivir” y “Tu recuerdo”. Luego continuó con un popurrí compuesto por los celebrados “Y todo queda” y “Fuego contra fuego”, y cerró con “Vuelve”, uno de los temas más cantados y ovacionados de la noche por el que Ricky agradeció poniéndose una mano en el corazón y diciéndole a su público “inolvidable”.

El músico comenzó a abrir el último bloque de la velada cantando en francés la bella “Adiós” cuando se distrajo, perdió la concentración y olvidó parte de la letra: “Me pueden abuchear si quieren”, bromeó por lo bajo con la simpatía y el buen humor innato que hizo que todo, rápidamente, tomara su cauce natural y sin sorpresas.

Con una platea totalmente de pie llegó el turno de “Lola Lola”, “María”, “La Bomba” y “Por arriba por abajo”, para cerrar con “Pégate un poco más” y “La copa de la vida”, tema que fuera música original del Campeonato Mundial de Fútbol de Francia 1998; todas canciones pertenecientes a una época de oro donde el músico comenzó a sellar su fama universal. “Muchas gracias Rosario. Los quiero y ojalá nos volvamos a encontrar pronto”, se despidió, pero nadie se movió de sus lugares.

Faltaba el tema que más sonó en las radios este verano. Y Ricky no defraudó. Tras algunos minutos de total oscuridad volvió al escenario y se responsabilizó del delirio provocado en la hora y media anterior para despedirse con un bis que marcó el broche de oro: “La Mordidita”. la nota completa