Publicado el 29 febrero 2016 | Metropolitano recibió a 4 mil personas que disfrutaron del concierto de Alejandro Sanz, con una psicodelia precisa para presentar las canciones de “Sirope” y repasar sus grandes hits.

Por Javier Hernández

Rosario vibró anoche con la visita de Alejandro Sanz quien llegó a la ciudad para brindar un potente concierto de casi dos horas en donde repasó sus clásicos y presentó las canciones de “Sirope”, su más reciente disco. En Metropolitano y ante una 4 mil personas (público mayoritariamente femenino, como suele ocurrir), el español abrió su gira nacional que mañana lo tendrá en Córdoba y el jueves en Buenos Aires.

La puesta en escena –a cargo de Luis Pastor–, desde la previa, prometía ser única e innovadora pero logró mucho más que eso al transformarse en una de las claves desde donde el músico se apoyó para invitar a un viaje audiovisual donde propuso a los espectadores ser parte de una película.

Una película que tenía un director (Sanz) pero además un buen escenógrafo y un mejor director artístico. Estos, los cuadros técnicos que nunca se dejan ver en vivo, lograron lo que pocas veces se observa en los recitales: que las pantallas digan más de lo que se ve a simple vista. Fueron capaces de ofrecer, con un arsenal de cámaras fijas y móviles, un extra a través de un manejo meticuloso de los detalles, los movimientos y, por supuesto, la puesta en escena, el sentido de las músicas y las presencias físicas. Renglón aparte para la banda de primerísimo nivel que acompaña a Sanz; músicos que bailaron, cantaron e interpretaron sus instrumentos con dosis iguales de gracia y virtuosismo.

En ese cruce entre lo real y lo imaginado las pantallas de altísima definición y una estructura de caños luminosos que descendían formando figuras difusas, permitieron soñar con el mundo natural: ríos, mares y montañas que confluían en un todo homogéneo con el encuentro de las palabras, las presencias escénicas y, por supuesto, las canciones de Sanz. Psicodelia en su estado más puro.

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