“Que los políticos arreglen su guerra”, reclamó Ciro Pertusi

Tras liderar la banda Attaque 77 por 20 años, con la que grabó 15 discos, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes del punk rock argentino, y ahora, al frente de Jauría desde 2010.

Filosofía de vida. “Si vivís el momento, sos más feliz”, dijo Ciro.

Por Luciana Boglioli / Escenario

Su espíritu punk se mantiene intacto: Ciro Pertusi rechaza todo tipo de moldes y se proclama a favor de la libertad. Tras liderar la banda Attaque 77 por 20 años, con la que grabó 15 discos, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes del punk rock argentino, y ahora, al frente de Jauría desde 2010, Pertusi asegura que “hay que vibrar el momento”. Por eso el segundo álbum del grupo, conformado además por Ray Fajardo, Sebastián y Mauro Ambesi, se titula “Libre o muerto”, una síntesis perfecta de su filosofía de vida. El disco, que hace una entrega generosa de 21 canciones, transita ritmos eclécticos como el folclore y el rock, y versiones de “Dragon Ball Z” y “Pocahontas” teñidos de un aura punk.

    Antes de la presentación de “Libre o muerto”, que será hoy a las 21, en el teatro Vorterix (Salta y Caferatta), Pertusi dialogó con Escenario sobre el flamante disco, las noches de “Pocahontas” con su primogénita y su enojo por la utilizaron proselitista de “Dónde las águilas se atreven” en los últimos actos presidenciales. Además, contó cómo fue subir al escenario con Attaque 77 después de 7 años: “Demostramos que podemos coexistir mientras que en el resto del país la bajada de línea de los poderosos es «enfréntense»”. Y dejó abierto la posibilidad de volver con la banda: “Como dijo Forrest Gump, «la vida es una caja de bombones, nunca se sabe lo que te va a tocar».

   —En este álbum se notan las influencias del punk, rock y folclore como en “Mestizamba”. ¿Cómo se dio este repertorio ecléctico?

   —Este disco refleja mucho la personalidad de la banda porque están las composiciones de los cuatro. Esa es la diferencia con lo que hacía en Attaque, donde Mariano (Martínez) y yo componíamos todos los temas. O como también le pasaba a Ray, que viene de El Otro Yo, donde componían los hermanos Aldana.

   —En el título “Libre o muerto” queda más que clara tu filosofía de vida. ¿Cómo es tu relación con la libertad?

   —Es como dice la canción “Mestizamba”: “la libertad tiene un precio que a veces se pasa penando”. Es así, la libertad sale cara. Vivimos en un mundo de moldes y preconceptos y cuesta practicar la libertad. Siempre tendemos a definir las cosas en todos los aspectos; en las relaciones afectivas o laborales. Nos cuesta muchísimo vivir el momento, es una frase cliché pero no importa.

   —¿Será que necesitamos seguridad en medio de tanto caos?

   —Puede ser, creo que estamos viviendo en una especie de contradicción entre las reglas y estatutos con respecto al amor y la amistad que nos enseñaron hasta ahora y la pulsión natural interna de cada uno. La clave es lograr un equilibrio entre lo que nos dicen que debe ser y lo que realmente termina siendo. “Libre o muerto” no es algo equilibrado, justamente propone dos cosas opuestas. En el camino de darlo todo, te jugás la vida y al salud, y este disco fue así. Hicimos 21 canciones cuando todo el mundo está especulando. Siempre hay pretextos para no hacer nada, pero nosotros somos 4 tipos que tenemos ganas de hacer y en este disco nos la jugamos con toda. Era heavy, había que bancársela.

   —Ya en el primer disco homónimo hicieron un tema sobre Los Backyardigans y en este apostaron por versiones punk de “Pocahontas” y “Dragon Ball Z”. ¿Es una clara influencia de la paternidad?

   —Sí. El punk siempre usó lo que estaba ahí. Con “Pohacontas” agarramos un mensaje un poco naif, le dimos el dramatismo de esta música y se transformó en una declaración de principios de pueblos originarios. Todo fue por mi nena. Ella hace lo mismo con mis cosas. El intercambio claro fue que ella estaba mirando “Pocahontas” en la tele y yo “Tiburón” en la compu, es un fetiche que tengo de mi infancia. Y la nena “cogoteaba” la sangre y le expliqué lo que era. Al final, yo me quedé viendo “Pocahontas” y ella “Tiburón”, a los 3 años (risas). Como otras veces que yo me enganché con “Dragon Ball Z” y mi nena con “Los pájaros” de Alfred Hitchcock. Así fue cómo empecé a sacar las melodías de las canciones para ella, para divertirnos juntos y después encontré la manera de llevarlo a lo mío.

   —¿Cómo se dio la experiencia de volver a tocar con Attaque 77 después de 7 años en la celebración de 25 años de “El cielo puede esperar” en el estadio Malvinas hace dos semanas?

   —Todo empezó con un show de Vitico, nos invitaron a todos por separado, al trío Attaque y a mí. La distancia y el silencio es algo lógico en todas las separaciones pero sabíamos que con el tiempo nos íbamos a acercar. Hubo y hay amor entre nosotros, es real. Ese día íbamos a tocar separados y al final terminamos cantando juntos. Eso fue nuestra primera aproximación en el escenario. Además, Mariano me había llamado por un problema familiar que tuve, lo cual valoré mucho, sobre todo por su timidez. Un tiempo después, lo invité a Mariano a cantar con Jauría en Vorterix y ahí me contó que iban a hacer el festejo, me invitó, y le dije que cuenten conmigo. Mantuvimos el secreto todo lo posible para que no se arme tanta especulación, pero no se pudo evitar, estaba el estadio lleno, había 8 mil personas, ni siquiera cuando estaba en Attaque nos iba a ver tanta gente. Lo cual deja en evidencia que la banda se convirtió en un clásico que excede a nuestro control, ya no es nuestra, es de todos.

   —¿Qué sensaciones te dejó este encuentro?

   —¿Sabés que todo tiene una moraleja? Esto dejó en claro que si vivís el momento, es probable que seas más feliz. Cuando te concentrás en perseguir la felicidad es más difícil. Hay que dejarse llevar. La gente está preocupada y me pregunta, “¿che, volverías a Attaque? Pretender otra cosa de la que está pasando te hace perder el momento.

   —¿Entonces dejás abierta la posibilidad de volver a Attaque 77?

   —¡Pero claro! Como dijo Forrest Gump, “la vida es una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar”. Algunos no vibran lo que está pasando. Lo disfrutan a través de una cámara y no a través de sus propios ojos y sentimientos. O sea, está costando mucho disfrutar. Así fue cómo mucha gente se perdió parte de los 21 años que estuve en Attaque. Ahora hay mucha gente que me pide que vuelva al grupo y me pregunto: “¿por qué no me disfrutaron cuando estuve en la banda? ¿por qué no llenaban los estadios cuando estaba en la banda? Te lo digo con gracia. Mirá lo contradictorio que somos los seres humanos. Más allá de que tanto nosotros como el público disfrutamos el show y nos emocionamos, la otra moraleja de este encuentro fue que dimos un mensaje de conciliación. Somos dos bandas diferentes que demostramos que podemos coexistir, que somos familia, que podemos divertirnos haciendo lo que nos salió tan bien durante tanto tiempo. Cuando en el resto del país y del mundo, la bajada de línea de los poderosos es “enfréntense”, por supuestas creencias religiosas o políticas. Cuando nosotros nos enfrentamos, ellos logran que seamos funcionales a la urna o al rating. Y después los poderosos se van a sus casas, donde tienen el calor de la estufa, el plato de comida y la seguridad, y ven cómo nosotros nos peleamos por televisión. Nosotros, la gente común, tenemos que estar todo el día trabajando, procurando el plato de comida, la plata para el alquiler, la salud para nuestros hijos, que no nos maten y que no nos violen, encima tenemos que pelearnos entre nosotros porque ellos nos dejaron su “guerrita” para que estemos entretenidos y no pensemos que son una farsa. La única verdad somos nosotros que estamos en la calle codo a codo. Como dice Iorio “con una simple inundación la miseria se ve toda junta”. Y no estoy hablando de los K o los anti K, hablo de gestiones que llevan décadas.

   —¿Seguís molesto con el uso de “Donde las águilas se atreven”, de Attaque 77, en los últimos actos de Cristina Fernández de Kirchner? Dijiste que fue usada de modo proselitista.

   —No quería que mi canción fuese munición de este estado general de antinomia. Cuando hice la declaración se me vinieron encima los kirchneristas. Pero mi mensaje fue: “Muchachos si se van a tirar, tirensé con toda pero no con esta canción que justamente fue creada para lo contrario, para que estemos bien entre los ciudadanos comunes. Si se te prende fuego la casa, yo voy y me quemo las manos para sacar a tus hijos, y no me importa de qué partido político sos. Esa es la verdadera idiosincrasia del argentino que fuimos perdiendo. Te vienen con eso de: “Creé a muerte en éste porque éste va a dar la vida por vos”. Y nadie está dando la vida por mí, ¡se está ahogando la gente! En La Plata hubo un montón de muertos que taparon. Y además hay mucha violencia. Si vamos a linchar a todos los adictos de mundo, a todos los que estrellan camionetas, o a los que no nos gusta su música, como lo que le pasó a Chano, entramos en una era tan arcaica como la de apedrear a la prostituta. Ya no va a venir un Jesucristo a ponerse en medio para decir: “El que esté libre de pecado que lanze la primera piedra”. Tenemos que ayudarnos más entre nosotros. Que los políticos arreglen su propia guerra.