“Vivimos en una anarquía creativa”, sostiene Pablo Dacal

El músico, una de los autores más inspirados del nuevo rock argentino, presenta su disco “baila sobre fuego” en Mcnamara.

Pensar otra canción. Pablo Dacal, ex Killer Burritos, va por su quinto disco.

Por Pedro Squillaci / Escenario

Una vez, Pablo Dacal quiso cruzar una frontera para grabar un disco. Iba de Alemania a Inglaterra. Llevaba su guitarra, no un arma, pero fue como si lo fuera. En el aeropuerto de Londres lo demoraron, estuvo una noche privado de su libertad, y al otro día lo mandaron de regreso a la Argentina. Aquel disco nunca se grabó, pero nació “Baila sobre fuego”, cuyo tema central “Britain Blues”, compuesto esa noche entre rejas, narra en forma catárquica y en tiempo de hip hop, esa vivencia “surrealista”.

Hoy, Pablo Dacal, presenta a las 21 en McNamara (Tucumán 1016), las canciones de “Baila sobre fuego”, acompañado por Julio Schleiman, en guitarra eléctrica; Nacho García, en sintetizadores y piano; Natalia Cabrera, en bajo; David Fernández, en batería, y un invitado de lujo: Coki Debernardi, ex compañero de su paso por Los Killer Burritos. “Vivimos en una anarquía industrial y creativa, que me parece que es muy poderosa, y la cual celebro”, dijo Dacal a Escenario.

     —¿Por qué surge el título “Baila sobre fuego”?

   —En realidad está inspirado en la canción que está en el disco, que a la vez se inspiró en un dibujo sobre La Telesita, que es el mito de la bruja pampeana que muere quemada y sigue bailando quemada a través de los campos. No porque el disco tenga necesariamente que ver con eso, pero sí con la idea de un espectro que baila dentro de la mitología criolla y en las rutas de un país, eso me pareció una buena carta de presentación y una buena primera imagen para un disco que está lleno de espectros, de rutas, de viajes y de misterios.

   —En “Intuición” decís “si algún día el mundo se acaba y estás solo sin encontrar nada, vas a tener que escribir tu canción” ¿te parece que formás parte de una corrientes de autores que está trabajando por otra canción en el movimiento del rock argentino?

   —Es posible, creo que hay un crisol de canciones, de estéticas y de proyectos muy amplios, no creo que haya una canción establecida y yo forme parte de un club que quiera imponer otra. Me parece que se amplió la serie de propuestas y de canales a partir de la circulación de la información y el fácil acceso a los medios de producción de música. Vivimos en una anarquía industrial y creativa, que me parece que es muy poderosa y la cual celebro.

   —En tus canciones se reconocen referencias de Andrés Calamaro, del rock de los 70, de Viejas Locas y hasta de música balcánica, pero a la vez lo que resulta es algo muy genuino. ¿Cómo amalgamás tantas influencias?

   —Yo trabajo bastante alquímicamente (risas), es la manera en que dejo entrar determinadas influencias y que algunas se desarrollen y otras las reprimo para soltarlas en otros espacios. No pienso estratégicamente en hacer una canción en el estilo de alguien, o en la línea de otro, la verdad es que establezco planes de trabajo y después esas tradiciones culturales y legados de artistas, discografías, libros, películas, canciones y cosas que están en mi cabeza y en mis manos a disposición, son las que utilizo al momento de hacer las canciones. Pero cuando hago las canciones y las grabo también es bastante particular, porque la composición fue a la par de la grabación, no hay una composición previa de los temas, sino que todo fue el proyecto de viaje, grabación y composición del disco. Y todo estuvo a disposición, así como un montón de música que fui conociendo y disfrutando durante el viaje. Pensá que durante el disco estuve tres semanas en Alemania, una en Francia, una en Madrid, y venía de tocar un montón en Argentina y de moverme bastante.

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