Ricardo Iorio, líder de Almafuerte, aseguró que “es digno ser rockero a los 50 años”

El líder de Almafuerte celebra los veinte años de la banda metalera con dos shows en Vorterix y pasea de Jesús a Miguel Del Sel y de Edmundo Rivero a Roxette.

Tan polémico como genuino, Iorio volvió a elogiar a Del Sel y dijo que venderse sería cantar temas de Parodi.

Pedro Squillaci / Escenario 

¿Es mentira que veinte años no es nada, como dice el tango?

—Mirá, la vida es una fiesta si uno hace lo que ama, las horas buenas pasan rápido, los momentos malos demoran demasiado, por eso siempre hay que acordarse de las cosas buenas.

Así responde Ricardo Iorio, líder de Almafuerte, en la previa a los shows de hoy y mañana, a las 21, con los que el grupo celebra dos décadas de vida en Vorterix (Salta y Caferatta). Iorio responde cada pregunta casi sin procesarla, pero es como si tuviera guionada la respuesta. Para tomar o dejar, pero con honestidad brutal.

¿Cumplir dos décadas con una banda es misión cumplida?

—Sí, mirá, principalmente observándolo desde el plano comercial-musical, muchísimas veces se encargaron aquí en la Argentina de vapulear el género metalero. Pero no en el caso mío, sino en el caso de Black Sabbath, de Judas Priest, de Motorhead, que son las bandas que hace 40 años que están juntas y que el otro día estuvieron acá en Buenos Aires y fueron 60 mil personas a verlos. Quiero saber dónde están tantos otros, como Commanche, “La ventanita” (en referencia al tema del grupo Sombras), tantas pelotudeces que tuvieron tanta difusión y son absolutamente inferiores en la producción musical y en lo que contribuye la música como apertura del pensamiento, ¿no?

—En tu carrera, además del rock, abrevaste en el tango, el folclore y la poesía, y es un aporte válido para la música popular.

—Sí (piensa) qué se yo, mirá, la verdad, no lo creo, pero bueno.

—El nombre de la banda está inspirado en el seudónimo de Almafuerte del poeta Pedro Bonifacio Palacios. ¿Muchos de los pibes que te van a escuchar conocerán algo de su obra?

—Sí, creo que sí, creo que sí (repite). El fue periodista además, y fue un maestro.

—¿Por qué te inspiró tanto este poeta?

—Mirá, creo que es porque nuestro barrio, donde nosotros nos criamos (Caseros, Gran Buenos Aires), hay calles, empresas de colectivos, bares, carnicerías, bibliotecas populares, clubes que llevan ese nombre. Entonces, hurgando en su historia nos dimos cuenta que era un buen hombre, y como todos los grandes hombres murió en la miseria y en el olvido. Y como uno es un rebelde porque no cree en nadie con estrellas en la frente, le pusimos ese nombre.

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