Domingo, 21 de octubre de 201201:00 | Sbaraglia dice que “es un tiempo para agradecer a la vida”

Con actitud afable, y puntual a la hora pautada, el actor argentino se hizo tiempo para charlar con Escenario sobre “Cornelia frente al espejo” que se estrena hoy en el El Cairo.

El actor argentino protagoniza “Cornelia frente al espejo”.

Por Rodolfo Bella / Escenario

Pocas veces se da la coincidencia en que un solo actor participe en tres películas simultáneamente en cartelera y que una de ellas, “Luces rojas”, de Rodrigo Cortés, le haya puesto un pie en Hollywood. Allí comparte el elenco con Robert de Niro y Sigourney Weaver, y su director es el español Rodrigo Cortés, responsable de “Enterrado”. Otra, “Días de vinilo”, es una de las mejores comedias de los últimos años, y la tercera, “Cornelia frente al espejo”, se base en un cuento de Silvina Ocampo, una de las escritoras más exquisitas de la Argentina cuya obra llega al cine por segunda vez de la mano del director Daniel Rosenfeld.

Leonardo Sbaraglia, además, participó y regresará a “En terapia”, que irá por su segunda temporada. También protagoniza en teatro “Cock”, que en el momento de su estreno en Londres recibió un Olivier, el mayor premio del teatro inglés. Y tiene tres proyectos más en cine para cuando termine con el teatro en noviembre. Pero Sbaraglia está en las antípodas del estereotipo de alguien con una carrera notable. Con actitud afable, y puntual a la hora pautada, se hace tiempo para charlar con Escenario sobre “Cornelia frente al espejo” que se estrena hoy en el cine El Cairo. En la función de esta noche, a las 20, en la sala de Santa Fe 1120, estarán presentes Rosenfeld y las actrices Eugenia Capizzano, coguionista e intérprete del filme, y Eugenia Alonso.

—Estabas tan tranquilo y ahora, tapado de trabajo…

—Sí, por culpa de tanto estreno bajó la gente que va al teatro… supongo porque ya están hartos de Sbaraglia (risas). Fue un año completo, y no depende de mí porque son cosas que de pronto hice hace un año y medio y el estreno no depende de cuándo las filmaste. Casualmente se estrenaron todas juntas. Así que no es tan así… En realidad lo que ocupa mi cabeza y mi cuerpo hoy es el teatro. Lo otro es importante, promocionar las películas y reflexionar sobre ellas. Además me da mucha alegría que se haya estrenado también “Luces rojas” que pensé que no se iba a estrenar. La verdad que es un momento increíble y precioso.

—¿Qué dificultades implica este tipo de cine sobre obras literarias, especialmente de alguien como Silvina Ocampo?

—Silvina Ocampo fue llevada al cine muy poquitas veces. Creo que la única fue “El impostor”, de Jorge Maci. Por algo no se llevó al cine otras veces. No es para nada fácil entender su cabeza, su mundo y eso traducirlo a un lenguaje cinematográfico. De todas maneras la idea de Rosenfeld y de Eugenia Capizzano, que son los que llevaron adelante el proyecto, está lleno de cosas muy acertadas. Es una película muy especial, llena de lugares originales para la cinematografía argentina porque abre un territorio diferente. Me parece que el cine argentino pasa por un momento hermoso. Y lo bueno e interesante es que permite pensar que hay un territorio nuevo para empezar a bucear.

 

—¿Cómo encararon el guión Rosenfeld y Capizzano?

 

—Me parece que está bueno porque ni los directores ni los actores, y me incluyo, estamos acostumbrados a tratar ese tipo de material en el cual se intuye que hay una cabeza de un autor tan determinado, con palabras tan específicas. En este caso (el guión) se plegó al texto, y la idea fue no hacerlo más cotidiano ni más coloquial. La idea fue seguir la literatura de Silvina Ocampo como parte de ese desafío y de ese ejercicio cinematográfico. Eso justamente hace que la película se ponga en un lugar de cierta abstracción. Es una película que parece hecha en otra época. Para los actores es un lindo ejercicio porque tanto los actores ingleses o los franceses que tienen mucho acceso a hacer novelas de su propio país y que transcurren en siglos pasados, están obligados a construir una manera de hablar y un lenguaje diferente. Nosotros no estamos tan acostumbrados, inclusive con nuestra propia literatura, a tener ese nivel de experiencia. Y me parece que es un ejercicio hermoso para crecer y para el espectador también.

—Un tipo de cine que obliga al espectador a detenerse y pensar…

—Justamente es una película que quizás no tiene el ritmo al que estamos acostumbrados a seguir y te hace entrar y seguir en un ritmo diferente, que es el del mundo que presenta Silvina Ocampo, con la cabeza de ese personaje que entra en esa casa para tomar un veneno y empieza a tener ensoñaciones y encuentros con fantasmas. En ese sentido están obligados a establecer un lenguaje y un ritmo diferentes. Daniel se apoyó mucho en eso, no quiso ser complaciente con el espectador.

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