Por Carolina Taffoni / La Capital

No es necesario rastrear cuándo nació el vínculo de Roberto Pettinato con el humor. Estuvo ahí desde siempre. Incluso en los ya lejanos años 70, Pettinato te podía hacer reír con los comentarios mordaces que hacía en sus críticas de rock para “El expreso imaginario”. Y después intercalaba bromas cuando presentaba videos en un viejo programa de ATC. Por eso no debería sorprendernos que el otrora conductor de “Duro de domar” —con toda la experiencia acumulada— llegue ahora tan afilado a su primer stand up, “¡Me quiero portar bien!”, que se presentó este fin de semana en el teatro Broadway. (…) archivado de hacer humor hecho y derecho —de cara al público y sin intermediarios— lo que hace que el stand up arranque risa tras risa sin descanso. Este es un Pettinato en estado puro, que induce a pensar que los demás (el músico, el periodista, el escritor, el conductor de TV y radio) no son más que brillantes disfraces.

Ahí, arriba del escenario, Pettinato se amplifica. Para él la risa es el último fin, y en el medio todo recurso es válido: la ironía, la burla, el cinismo y la grosería.

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