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Jaques Morelenbaum: “No hay fronteras entre la música clásica y la popular”

Al frente del Cello Samba Trio, el violonchelista que acompañó Caetano Veloso y Tom Jobim, promete una “serenata de sambas” para recuperar la historia del género brasileño. Se presenta este miércoles, en el Auditorio de la Plataforma Lavardén, desde las 21

Morelenbaum promete deleitar a los rosarinos esta noche.

Morelenbaum promete deleitar a los rosarinos esta noche. Ampliar Imágenes

 

Maricel Bargeri

 

Samba para tres. Tres instrumentos en una mirada retrospectiva del género popular brasileño. Violonchelo, guitarra y batería para remontar una historia tan virtuosa como plena de nombres propios. Quien comanda el recorrido es Jaques Morelenbaum, en un tiempo director musical de Caetano Veloso y en otro, lugarteniente de Antônio Carlos Jobim (Tom) y Egberto Gismonti. Aunque, si de apilar apellidos ilustres y colaboraciones se trata, la lista podría citar a Gal Costa, Chico Buarque, David Byrne, Sting, Ryuichi Sakamoto, Carlinhos Brown, Titãs; y así seguir hasta acumular más de 40 años de relación con un continente sonoro tan diverso como atrapante.

 

El compositor, arreglador, y ocasional bajista y percusionista, se presenta este miércoles al frente del Cello Samba Trio en el Auditorio de la Plataforma Lavardén, en Mendoza y Sarmiento, desde las 21. El músico estará flanqueado por Lula Galvão, en guitarra, y Márcio Bahia, en batería, y la apuesta promete repasar canciones de Tom Jobim – con quien tocó en sus últimos años de vida- Egberto Gismondi, Caetano Veloso, Gilberto Gill y Jacob do Bandolim, además de temas propios.

 

Antes del show, Morelenbaum dialogó con Rosario3.com y dio pistas de cómo vive las presentaciones en Argentina: “Cuando tocamos nos sentimos dentro de una iglesia, y cuando terminamos, nos sentimos como en un estadio de fútbol. Es una combinación muy generosa.”

 

¿Cómo será show que presentará en Rosario junto al Cello Samba Trio?

Es un conjunto de composiciones de muchos músicos con quienes vengo tocando desde hace muchos años, y todos ellos están centrados en el samba como una síntesis de la música brasilera. Están tocados por instrumentos comunes en la música popular, como la batería y la guitarra, y otro no común, como el violonchelo, que es mi voz. La idea partió de un disco de João Gilberto que me encanta –él es una gran referencia para mí, como un curso superior de música popular brasilera-. El disco tiene su nombre, como una suerte de “álbum blanco”. Y desde que escucho ese álbum, en lugar de la voz de João, siento mi violonchelo. La verdad, me encantaría ser un gran cantante, pero la naturaleza no me dio voz, así que encuentro en el instrumento el medio para contar mis pensamientos, lo que siento; para poner en palabras eso que quiero contar. Para mí la música es movimiento y solamente existe si sale del alma de un artista y llega al alma del oyente.

 

Si bien el Cello Samba Trio lo acompaña desde 2005 ha tenido modificacione en las formaciones ¿Qué cambios se muestran en etapa la actual?

Mi grupo es muy poco ortodoxo. El Cello Samba Trio es un concepto, soy yo. Como vivir de la música instrumental no es una situación simple en Brasil, la mayoría de los músicos tienen que tocar con cantante. Es una realidad para la industria musical del país. Y por eso yo encaré este proyecto de una manera muy elástica. Es un grupo muy democrático, con espacio para distintos discursos musicales. Tengo cuarenta años tocando y el repertorio que hago es muy querido. Por eso, cuando invito un músico viene siempre con mucho placer. Y ese placer es el que queremos darle al público. Ahora estoy grabando mi segundo disco con el Cello Samba Trío que tiene la guitarra a Gabriel Improta y en la percusión está Marcelo Costa, que tocó muchos años con el maestrísimo, el gurú, Hermeto Pascoal. Con él comenzamos con el proyecto.

 

¿Cómo recuerda ese primer encuentro con la música?

(Sonríe) Bueno, yo nací con la música. Mi papá era violinista de la Orquesta de Ópera en la que yo toqué veinte años después (Teatro Municipal de Río de Janeiro). Y mi mamá era maestra de piano. Yo recuerdo las vacaciones o mi casa, desde muy chiquito, con música. No, no hay un primer encuentro porque para mí era el aire que se respiraba. Mira, con 3 años empecé a tomar clases con Esther Scliar, una de las más grandes compositoras de Brasil. Ella canjeaba el alquiler de un cuarto en la casa de mi abuela por lecciones para los tres nietos. Además, están mi padre y mi madre con todo su ambiente artístico. Todo eso estaba en mi casa.

 

¿Por qué se decidió por el violonchelo?

Empecé piano a los seis, pero a los 12 quería un instrumento melódico y elegí el oboe. Hasta que un día, por destino, iba en el auto de mi padre y escuché en la radio del Ministerio de Educación y Cultura, la única que mi padre escuchó toda su vida, una sonata de Brahms para violonchelo y piano. Y cuando empezó la segunda o tercera frase le dije a mi padre: «cambié de idea, yo quiero tocar el violonchelo.» Creo que el romanticismo y mi corazón ganaron la batalla. Me acordé que, cuando llega el momento romántico de todos los temas de amor y de las sinfonías, en el 90% de los casos se elige ese instrumento. Y eso es lo que yo quería transmitir: la pasión que me mueve a elegir y tocar las canciones.

 

Coexisten en Ud. el modelo más estructurado que supone obra clásica con la energía de los ritmos populares del Brasil ¿Cómo llegó la pasibilidad de conjugar ambos?

 

 

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