Beto Zamarbide | Patriarca metálico

por Hernán Osuna

En plena dictadura militar, en esos días en los que uno podía desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, un grupo de jóvenes que aborrecian el hippismo desafió a la autoridad de turno interpretando música pesada (como nadie lo había hecho hasta ese entonces en el país) con letras que reflejaban el descontento social de la época. Si Riff sentó las bases, V8 tomó la posta del género.

 “Los milicos escuchaban la batería, se creían que era una ametralladora y se tiraban al sopi”, dijo alguna vez Ricardo Iorio en el especial por los 30 años del heavy metal argentino que lanzó la revista Rolling Stone en 2010.

 En ese contexto de plomo y opresión reinante en las calles, el grupo integrado por Iorio, Beto Zamarbide, Osvaldo Civile y Gustavo Rowek tuvo la osadía de provocar a las masas en el festival BaRock de 1982 y el año siguiente publicó Luchando por el metal, la obra insignia del metal argentino, la Biblia del heavy criollo. Mientras en Estados Unidos Metallica grababa el Kill Em’ All, Mustaine formaba Megadeth por venganza, Slayer editaba Show No Mercy y Anthrax daba sus primeros pasos, en el hemisferio sur V8 escupía furia en canciones como “Destrucción” o “Parcas sangrientas” e imponía al género pesado como obligación: ” …sáquense ya la caretas/ rompan las ruedas de carreta/ y sin demora ni sospecha/ consuman todo el heavy metal”, decía la letra de “Brigadas metálicas”.

 

Reconocer a V8 es entender y validar tres décadas del género metálico en el país. De esta banda se desprendieron luego Hermética, Horcas, Almafuerte, Logos y Rata Blanca así que su legado es indiscutible. Consciente de esa herencia, Beto Zamarbide decidió salir a festejar los 30 años de la publicación de Luchando por el metal con un grupo de compañeros de batalla. Tras la disolución reciente de Logos, la banda que integró junto a Miguel Roldán, el músico aprovechó la ocasión para lanzarse como solista y repasar los mejores temas de V8 en una serie de shows por el país. En uno de ellos, realizado en Buenos Aires, ocurrió lo impensado: Iorio y Zamarbide se juntaron en un mismo escenario después de 26 años. ¿Quién lo creía?

Zamarbide llegó a Willie Dixon para desempolvar esos clásicos de V8 que todos quieren escuchar. En la previa al recital, el vocalista charló con RosarioRock.com sobre el pasado, presente, futuro y otros temas. ¿Se puede pensar en un regreso de V8? Zamarbide te lo cuenta.

 Luchando por el metal fue la piedra fundacional del heavy argentino y fue grabado durante la dictadura militar ¿Qué recuerdos tenés de aquella época tan dura para el país?

El clima que se vivía era de represión y a la vez se le había quitado a la gente la libertad de poder expresarse y caminar libremente por la calle. Obviamente un mensaje como el que nosotros transmitíamos no era bienvenido, no solamente para el gobierno de turno sino también para la sociedad, porque también como sociedad arribamos a esa situación en la cual se le rompió la puerta al gigante militarista pidiéndole que por favor tome control de un caos generalizado a nivel nacional. Fue un momento duro y además el mensaje nuestro venía a romper un poco ese paradigma de “Callate la boca, no digas nada”.

Había mucha bronca y descontento en el ambiente. El álbum fue un poco el vehículo con el que se buscó reflejar esa situación.

Sí, a la vez se da un fenómeno especial en la juventud que estaba dividida. Grupos como V8 o Los Violadores y otros hicieron un manifiesto político de sus temas. En otros estilos como el pop o el folk, se volcó más a poner la basura debajo de la alfombra.

¿Qué significó Luchando por el metal para vos?

Fue una primera patada de expresión de ese sector de la juventud, que iba más para el lado de un público proletario. En ese momento no existía el no tener la cultura del trabajo. Todavía existían los obreros industriales. Cuando yo era chico repartía vino con mi padre en comedores industriales y aunque parezca descabellado en esos años los obreros tomaban vino en la mesa. Nuestro público eran los hijos de esos obreros, que no estaban para nada en un estado de esclavitud porque el peronismo había implementado ciertas leyes que favorecían al trabajador, como por ejemplo que el tipo pudiera sentarse una hora al mediodía a comer.

 ¿Cómo hubiese sido grabar dicho material hoy? ¿Sentís que hay problemas que siguen vigentes desde esa época?

Sí. Es un disco totalmente vigente porque en vez de mejorar, la situación empeoró. Después de eso vinieron los nietos de esos trabajadores industriales sin conocer la cultura del trabajo y ya ahora son tres generaciones que no conocen el trabajo, que prefieren no trabajar por los beneficios sociales que reciben. Eso ha creado otro tipo de juventud que no entendería nunca el mensaje nuestro. Yo iba al colegio con chicos que eran de la villa y hoy hay algunos que son médicos, ingenieros, abogados. Ahora la villa es diferente, en plan: “Aguante la villa” o “No quiero salir de la villa”. De alguna manera nuestro mensaje quedó en una especie de limbo donde no encuentra destinatario. De todas formas hay gente que sí se integra porque hay que decir que la juventud de hoy en la Argentina no tiene la cabeza quemada por la represión. En un punto eso es muy beneficioso porque los chicos tienen la cabeza libre.

Tras la disolución de V8 iniciaste un nuevo camino espiritual. ¿Sentiste que el rock te había pasado factura?

 

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